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Solidaridad en acción une a Dublín con Perú

Tercer año de voluntariado en “Villa El Salvador”

DUBLIN, Irlanda (Septiembre, 2008).- Dos semanas de servicio en Villa Salvador, en las afueras de Lima, Perú, han sido, para un grupo de estudiantes del colegio “Teresian School”, en Dublín, una experiencia que recordarán durante toda su vida y que ha superado todas sus expectativas.

“Ahora me parece tener una nueva visión de la vida, de mí misma y de las personas que me rodean”, dijo Christine Lewis, a su vuelta de Perú.

“Me he dado cuenta de que no se necesita tener muchas cosas para ser feliz. El dinero no lo es todo”, dijo Ráchael McKenna.

Y Kate McGale añadió que había ganado “un mayor aprecio de todo lo que tengo… y, lo que es más importante, he hecho muchos nuevos amigos”.

Estos son los comentarios de tres de las doce alumnas de la Teresian School en Dublín, Irlanda, que se embarcaron en este año en el proyecto de voluntariado iniciado hace tres años.

El objetivo de este proyecto es proporcionar a las estudiantes una experiencia vital de solidaridad en acción compartiendo la vida y el trabajo con las personas de Villa El Salvador y, de este modo, marcar una diferencia en su vida. Las estudiantes trabajaron para conseguir fondos en orden a contribuir a la financiación de equipos y proyectos para las personas de Villa El Salvador.

Residiendo en la casa de Toni y su mujer Silvia, las jóvenes trabajaban principalmente ayudando en el cuidado de los niños menores de cinco años en la organización local de PRONOEI, -programas extraescolares de educación informal.

Estos están a cargo de mujeres locales, con una retribución mínima, de modo que se puede considerar como servicio de voluntariado. Proporcionan el tan necesario cuidado infantil para mujeres que carecen de otro trabajo, y son, al mismo tiempo, un estímulo vital social e intelectual para los niños de este sector de escasos recursos.

“Cuando vi sus casas (las de dos de las niñas) me quedé sorprendida…”, comentó Hill Scully, “las casas de las pequeñas apenas podían llamarse casas en comparación con lo que tenemos en Irlanda”. Por eso, pensó que lo que PRONOEI hacía era realmente abrir un horizonte luminoso en la vida diaria de esos niños y también que “éstos son tan felices a pesar de su pobreza. Me ayudó a darme cuenta de que estaba ayudándoles y marcando una diferencia en su vida”.

Aunque la barrera del lenguaje ofrecía dificultades, Rebecca Scout encontró una solución; “Con las personas que no conocía o no podía entender, descubrí que era más fácil simplemente sonreír y decir “sí”.

Tres alumnas del grupo trabajaban también parte de la mañana en el comedor, que prepara y distribuye comida a todas las personas en PRONOEI. Allí, la señora encargada dijo que el recibir ayuda de un grupo de voluntarios de un lugar tan lejano era un real estímulo moral para ellas en sus esfuerzos por continuar ese trabajo.

Por las tardes, las chicas participaban en actividades con los niños locales, dirigidas por Corina Terán, en el Lublit’k. Este es un proyecto de educación no formal organizado por la I.T. para que los niños de ese sector aprendan y jueguen. Juntos, pintaban botes de gasolina reciclados que luego rellenaban con cemento para que sirvieran de asientos para los deportes en un campo cercano, y llenaban sacos con arena para ayudar a evitar la erosión que amenaza el campo de juego. Y, no menos importante que esto, también dedicaban dos tardes a divertirse con los niños jugando con ellos.

El fin de semana les ofreció un nuevo desafío: ayudar a preparar un campo de juego para una escuela primaria en Palacala, a 2,500 metros sobre el nivel del mar, lo que implicaba tres noches de acampada y una ardua escalada a pleno sol. “Mi momento favorito fue cuando construíamos el campo de juego con la gente local. ¡Había un sentido tan fuerte de comunidad!”, dijo McKenna, “Era increíble observar a los niños que lo veían por primera vez!", añadió. Emma Kirwan comenta: “Yo viví momentos que nunca olvidaré. Siempre recordaré el dormir bajo las estrellas junto al fuego de campamento”.

Además del trabajo, hubo muchos encuentros sociales al atardecer: con los jóvenes del Movimiento I.T. “Semillas de Libertad”; con la juventud local de la parroquia; con muchos amigos nuevos del grupo, en una tarde irlandesa, y en muchas otras ocasiones para gozar de las canciones, la música y los bailes peruanos. El grupo disfrutó mucho también al encontrarse con sus compañeros estudiantes del colegio de la I.T. en Lima, Colegio Isabel Flores de Oliva. De este modo, tanto las irlandesas como las de Perú se enriquecieron con el conocimiento de sus respectivas culturas.

Este proyecto fue dirigido por la profesora Hilda Geraghty y una antigua alumna y madre de alumnos, Lisa Murray, que este año acompañó al grupo.

En Perú el proyecto fue organizado y acompañado por Janett Ramírez, miembro de la Institución Teresiana, Toni Palomino y Miguel Villalba –de Intikilla- , que dirigen varios proyectos locales allí, ayudados por un grupo de jóvenes que acompañaron a las alumnas en muchas ocasiones y se hicieron amigos suyos.

Texto y fotos: HILDA GERAGHTY
Traducción: Aurora Cameno