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Puente de Solidaridad une a Dublín con Perú

El Teresian School presente en Villa El Salvador, Lima

DUBLIN, Irlanda (Agosto 2007).- Por segundo año consecutivo, un grupo de once estudiantes del colegio “Teresian School” en Dublín se han embarcado en un proyecto de servicio voluntario en Villa El Salvador, a las afueras de Lima. A su vuelta, comentaban que nunca olvidarían esta experiencia de “solidaridad en acción” que ha consistido en dar todo a los demás gratuitamente, hacer amistades y ofrecer lo mejor de sí mismas.

Este proyecto se realizó del 5 al 22 de julio, y, este año el grupo fue acompañado por dos profesoras del colegio: Ana María Álvarez y Hilda Geraghty. En Perú fue organizado y acompañado por Janett Ramírez, Toni Palomino y Miguel Villalba, que participan en varios proyectos locales, ayudados por un grupo de jóvenes que acompañó a las estudiantes en muchas ocasiones e hicieron amistad con ellas.

El objetivo de este proyecto era ofrecer a las estudiantes una experiencia viva de solidaridad en acción participando en la vida y el trabajo de las personas en Villa El Salvador. Las alumnas y sus padres, en el “Teresian School” habían hecho una colecta de dinero para financiar las actividades en Villa El Salvador.

Alojadas en la casa de Toni y su esposa Silvia, las estudiantes participaron en una variedad de lugares de trabajo: una clínica sanitaria, un servicio de distribución de alimentos para escuelas infantiles, una “WAWA Wasi” (guardería) y en PRONOEI, que es una escuela de infancia para niños de 3 a 5 años.

“Yo, al principio, encontré difícil la experiencia de trabajo”, dice Juliana Hynes Roche, “el primer día no sabía qué hacer. Pero pronto empecé a conocer a los niños y observé que cuando vieron que sólo quería ayudarlos, comenzó a surgir una relación cordial”. Mary Clare McKenna recuerda como “todos y cada uno de los días nos enfrentábamos con nuevos desafíos que teníamos que superar, ya fuera el aceptar la diferencia de cultura, el vencer la barrera de la lengua o simplemente el hacer una nueva amistad . Sin embargo, dice que le gustó “el centro sanitario en todos sus aspectos, pero, sobre todo nunca olvidaré a las personas con las que trabajé, su total dedicación y compromiso para con su trabajo era ejemplar”.

Lorenza Cafolla, trabajó en un comedor. “Yo puedo decir con verdad que me encantó mi lugar de trabajo, comenta. “¡Servir en el comedor me enseñó tanto!... Mi trabajo incluía ayudar a las dos señoras que distribuían la comida a los niños. El ver la cara de Mama Dolita y las caritas de los niños cuando llegábamos cada día me hacia llenarme de sonrisas”. Por las tardes, las chicas participaban en un proyecto dirigido por Corina Terán, en el Lublit’k, un proyecto de educación no formal a cargo de la I.T. para ayudar a los niños locales a aprender y a jugar. Para despertar el interés de la gente de Upis Villamar por el cuidado del medio ambiente, las chicas irlandesas formaron un equipo con niños /as locales y juntos diseñaron carteles sobre el tema del medio ambiente, que luego distribuyeron por las casas, También plantaron 29 palmeras para comenzar a crear zonas verdes. “No puedo ni siquiera empezar a explicar lo que significó para mi esta experiencia” dice Hannah Fraser, que trabajó en Upis Villamar. Esta comunidad fue la última en establecerse en lo que había sido un desierto. Rodeadas por enormes dunas se veían las casas construidas con láminas de madera y metal, “pero en las que nadie hubiera imaginado que viviera gente tan ejemplar. Su energía, entusiasmo y fe en que solamente se debe pensar en las cosas buenas de la vida, me inspiraban diariamente. Esta gente permanecerá en mi corazón para siempre”.

Liadh Wrafter dice que ella “aprendió tantas cosas que sería difícil poder escribirlas. Para quien no conozca este lugar, es casi indescriptible”, afirma. “No sólo tiene que ser visto, sino que tú tienes que sentir el amor de la gente, como nosotras lo hicimos, para entender la experiencia y todas las cosas que ella me enseñó”.

También comenta que “el hacer amistad con personas de aquí me enseñó que puedes encontrar amigos en todas partes, a pesar de las diferencias de estilos de vida, etc. La apertura de la gente peruana me ha ayudado a ser más abierta y expresiva”. Y añade que también aprendió “que las posesiones materiales no son importantes cuando se comparan con el tener amor en nuestras vidas, y que, con frecuencia, en las peores circunstancias encontramos las comunidades y familias más unidas y con más amor, como en Villa El Salvador”.

El fin de semana les ofreció un nuevo reto: Pintar las paredes y el mobiliario de una escuela primaria en Aplácala, a 2.500 metros sobre el nivel del mar, que incluyó tres noches de acampada y una difícil escalada a pleno sol. También instalaron placas solares, bombillas, una Televisión y un DVD. Cuando se encendieron las luces, Miguel exclamó dirigiéndose a las chicas “Hoy el mundo es un poquito mejor gracias a vosotras”. Además del trabajo, hubo varias reuniones por las tardes, con grupos de jóvenes del movimiento I.T., con el grupo “Semillas de Libertad”, con gente local, de la parroquia, etc. con los que compartían baladas irlandesas con cantos, música, danzas y dramatizaciones peruanas, disfrutando del arte de las dos culturas.

Según las estudiantes, el viaje produjo en todas un gran impacto.

Esta experiencia me cambió la vida”, dice Sophie Kavanagh, “cambió mi manera de pensar sobre muchas cosas”. Sobre todo, piensa que la experiencia “significaba dar todo a los demás gratuitamente, hacer nuevas amistades y ofrecer lo mejor de mí misma”. Y aunque reconoce que este entusiasmo puede ser pasajero, afirma: “Esta experiencia me ha cambiado del mejor modo posible y permanecerá en mi para siempre”.

Lucy Dwyer afirma igualmente “Toda la experiencia en Villa El Salvador será uno de los mejores momentos de mi vida” y dice: “Es inolvidable y estoy muy agradecida de haber podido participar en ella”. Al mismo tiempo, se siente “triste por tener que dejarla atrás, nunca la olvidaré” y añade “ha cambiado mi vida y ya nunca veré las cosas como las veía anteriormente".

Texto y fotos: HILDA GERAGHTY
Traducción, Aurora Cameno